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Cosas que nunca me dije: inventario

¿Qué es lo que no deseo? pensar en lo que no quiero. Por eso -y porque sí- hago inventario de lo que tengo, de mis pertenencias materiales y mis patrimonios intangibles, descubriendo pistas sobre aquello que me falta. 

Estas son, anárquicamente ordenadas (extravagante paradoja),  algunas de mis posesiones:

  • Dos pies izquierdos.
  • Una Moleskine que no me sirve: sigo olvidando casi todo lo importante.
  • Una casa, o más bien un pisito, a medias con un señor gris de gafas que se dice director de banca.
  • Mala leche y buena miga.
  • Incontables juegos de llaves, lentes, carteras, relojes y deseos, extraviados en algún rincón de algún recóndito lugar de este mundo. 
  • Un potus –Scindapsus aureus le gusta apodarse con aire arrogante- empecinado en no morirse como el resto de plantas que han pasado por mi vida (todas se fueron desnudando poquito a poco hasta decir adiós).
  • Un auto, altruista y generoso, que hace lo posible por evitar que la crisis agobie a los propietarios del taller (dos visitas en una semana… creo que está enamorado).
  • Muchos libros comprados, regalados, heredados y alguno robado.
  • Los padres que uno desea.
  • Un trabajo esquizofrénico, a veces necio, a veces lúcido, casi siempre desquiciante. 
  • Su compañía. Y la tuya.
  • Una salud de hierro que no apreciaré hasta el día en que me rehuya.
  • Un pasado, del que no me arrepiento.
  • Un futuro, que no me inquieta.
  • Un presente, aunque no me convenza.

Con este equipaje y algún otro bulto, me alcanza para avanzar.  O al menos, para no regresar.

Cosas que nunca me dije: búsqueda

Me busco, pero sólo encuentro retazos desordenados, trozos desenfocados de este puzle maldito que no consigo encajar. Y el tiempo, poco a poco, va quebrando la esperanza de encontrar la pieza que ensamble todos los fragmentos. ¿Y si mando a la mierda este detestable puzle y me compro un parchís?

Cosas que nunca me dije: reflexión

Pasamos gran parte de nuestras vidas rodeados de gente a la que queremos. Y sin embargo, pocas veces les decimos esas cosas que verdaderamente importan. Padres, hermanos, hijos, amigos, parejas…. en ocasiones nos resulta más fácil hablar de las cosas importantes con un desconocido que abrirnos a ellos.

Pero aún hay algo peor, si cabe.

Pasamos toda nuestra vida con nosotros mismos. Y sin embargo, pocas veces somos capaces de decirnos esas cosas que verdaderamente importan. Quizás por miedo o porque resulta más sencillo seguir avanzando en la vida sin escucharnos (lo que no se dice, no existe,…paradojico, no?) procuramos ocultarnos eso que sabemos de nosotros mismos y no nos agrada.

Estos dos últimos días me he dicho un par de cosas que no me había escuchado en los últimos cuarenta años. Me las he dicho y no me han gustado, pero las admito e intentaré reflexionar sobre lo que quiera que signifiquen:

– No soy una persona de fiar.

– He hecho muchas cosas EN mi vida. Pero no he hecho nada CON mi vida.


El motivo

Su ausencia ha enterrado un blog. Y ha hecho nacer otro. ¿El motivo? muy simple: volver a empezar. Aunque ya nada será lo mismo.

Ausencias del pasado