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Día 2 (II), 3 y 4 de ausencia: catarsis

Día 2 de ausencia (II)

Los motivos de la ausencia: nos amamos, pero somos incapaces de tolerarnos.  ELLA deseaba ser mi compañera para el resto de nuestro días. Yo no pude o no supe mentirle y no le prometí lo mismo, aunque tampoco lo contrario.  

Decido irme el fin de semana a casa de mis padres, mientras ellos están en la mía, convencidos de que me iré a pasar tres días con ELLA, a su apartamento. 

Me esperan dos horas de viaje en coche. Tras los primeros kilómetros, una honda sensación de abandono me invade y, tragándome mi orgullo, me detengo en la primera gasolinera. Le envío un mensaje, un vano intento de acercamiento. La llamo. No contesta. No sé lo que estoy haciendo, posiblemente el gilipollas, una vez más.

Me tomo un café. Diez minutos más tarde recibo un sms. “No más dolor, para qué vernos si no hay esperanza”. Hay esperanza. Quiero creer que hay alguna esperanza. La vuelvo a llamar. No contesta. Lo intento de nuevo. Me responde una voz seria e impersonal. “Estoy en una tienda y no puedo atenderte. Lo siento.” 

Decido que ya no más, que he hecho todo lo posible. Pero sé que no es así. Me desvío de mi trayecto y me dirijo hacia Gi, la ciudad donde ELLA vive.  

Imposible traducir en palabras lo ocurrido en las siguientes cinco horas. Imposible y absurdo: la carga emocional y la intensidad de esas horas no se borrarán de mi memoria hasta mi muerte.

 A la 1:00 de la madrugada salgo de su casa.  Decidimos no volver a intentarlo. Mejor  dicho, ELLA no quiere volver a intentarlo, a pesar de la insoportable pena que está pasando. Y yo no se lo reprocho. Ha sufrido haciendose a la idea de no volver a verme y no desea volver a pasar por tanto dolor. No hay ya ninguna esperanza. Es lo único que tengo claro. Me siento totalmente arrasado, saqueado. Destruido.

 Dia 3 de ausencia

 Apenas he conseguido dormir. No sé que voy a hacer. Tras desayunar llamo a Jota, mi mejor y casi único amigo. Tengo suerte, hoy vendrá a ver a sus padres y quedamos para tomar unas cervezas. También le mando un sms a Eme, otra reciente y buena amiga. 

Por fin puedo contarle a alguien todo EL PROBLEMA. Me abría encantado que Jota y ELLA se conociesen, con ambos tengo (tenía) una increíble conexión. 

Nos tomamos un número incontable de cervezas. Se nos une Ma, la novia de Jota .  Eme me responde al sms y me dice que me llamará esta tarde. Ahora mismo estoy medio ebrio, pero, gracias a ello, no estoy triste. Sé que hay personas con las que puedo contar.  En unas horas, cuando se pasen los efectos de alcohol y me llegue la resaca, me hundiré. Pero ahora estoy tranquilo. Y eso es lo que importa.

Eme quiere que nos veamos en O. Acaba de salir de una relación intensa y sabe por lo que estoy pasando. Tras una siesta, domino la resaca con un gramo de Efergalán. Camino de O. el llanto me supera. Tengo que detenerme en el arcén de la autovía para tranquilizarme.

Eme -vaqueros, chupa de cuero y zapatos de tacón- se convierte, casi sin darme cuenta, en mi mejor amiga. Mientras nos tomamos una sidra, hablamos. Sabe escuchar y siempre dice lo que piensa. Me reprocha mis errores y por primera vez me doy realmente cuenta del daño que le hice a ELLA sin ni siquiera ser consciente.

Cenamos y nos vamos a tomar copas. A las seis de la madrugada, tras incalculables Gin-tonic, innumerables confesiones e incontables ánimos, nos despedimos. Me voy a dormir en el sofá del apartamento de mi hermano. 

La vida se me encoge pensando que ELLA ya no está, que no la volveré a abrazar, que todo es pasado.

Día 4 de ausencia:

 Tres horas después de acostarme, me visto y me despido de mi hermano, recién se levanta de la cama. Le doy la noticia: ELLA y yo, ya no estamos juntos. Ni siquiera un “¿y como estás?”. Es mi hermano y no me sorprendo.

Me tomo un café, hago que leo el periódico y fumo el primer Ducados del día. Vuelvo a casa de mis padres. Una ducha, una desesperación y una breve siesta después, intecambio mensajes de móvil con ELLA. Me da ánimos y apoyo para superar todo esto. Agradezco que esté ahí, pero se me abren las entrañas de pura pena.

Me llama Eme, ofreciéndose para acompañarme al cine.  No quiero interferir en sus planes, pero estoy hecho polvo y sé que esta tarde lluviosa de domingo se me hará eterna.

Vuelvo a O., recojo a Eme y nos tomamos un café mientras hablamos de nuestras vidas, de nuestras experiencias, de nuestras penas. Vamos al cine. La película no consigue seducirnos.  Cenamos un bocata y tras llevarla a su casa, regreso a la de mis padres. Eme es una compañía excelente. Sabe estar cuando tiene que estar.

Esta noche dormiré. Añoraré los brazos de ELLA, sentir cerca su respiración, tocar sus pies frios bajo las sábanas, acomodarme a su lado y abrazarla. Pero sé que dormiré.

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El motivo

Su ausencia ha enterrado un blog. Y ha hecho nacer otro. ¿El motivo? muy simple: volver a empezar. Aunque ya nada será lo mismo.

Ausencias del pasado