Archivo para 30 noviembre 2009

Día 32 de ausencia: injusticias

Dice Paulo Coelho en uno de sus artículos para la prensa:

“De todas las poderosas armas de destrucción que el hombre ha inventado, la más terrible es la palabra (…). Trata de ver si estás utilizando esta arma. Ve si están utilizándola contigo y no lo permitas.”

Nunca me sedujeron las novelas de Cohelo, pero sus relatos y crónicas periodísticas me agradan porque reunen con destreza brevedad y acierto.

Lo mismo me ocurre con Pérez Reverte y lo contrario con Andrés Trapiello. La última novela de éste autor leonés, “Los confines” -un precioso brindis a los amores improbables y las desgracias imprevistas-, guarda en tan sólo un párrafo estas verdades axiomáticas y, por ende, indiscutibles:

-“Ser feliz significa poder percibirse a sí mismo sin temor.”
-“El camino más corto hacia la felicidad es el amor, como el camino más corto hacia el amor es la desdicha.”
-“Existen los paraísos perdidos (…), los lleva uno dentro.”

ELLA está intentando percibirse como es sin que eso le produzca miedo, porque el miedo le ha hecho desdichada impidiéndole amar realmente y ser feliz.

Al menos eso es lo que ELLA piensa y lo que ELLA me dice: periódicamente me envía un correo a modo de diario en el que se descubre a sí misma sus miserias y carencias, buscando el camino de esos paraísos que todos llevamos dentro.

El fin de esas misivas, me dice, es sólo que yo las reciba, aunque no las lea, porque es algo que me debe y forma parte de su terapia de autoanálisis para afrontar mi ausencia.

Y yo las recibo. Y, naturalmente, las leo.

Y pienso que no es justo.

No es justo porque las palabras que contienen esas cartas me producen heridas. Son, como dice Coelho, armas terribles que me están impidiendo avanzar. Veo que las está utilizándo conmigo y no lo puedo permitir. No puedo consentir que lo que le hace bien a ella –si así es en realidad- me destruya a mí.

No lo puedo permitir porque acabaré odiando el recuerdo del tiempo que compartimos. Y eso no.

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Día 26 de ausencia: recordando

6:33 Suena el despertador, como cada mañana de cada día laboral.
Hoy hace un mes que pasamos la última tarde juntos, sin roces, sin peleas, sin reproches.
Hoy hace un mes que la noche nos trajo el principio del fin.

Día 20 de ausencia: egoísmos

Deseo que ella se olvide de sufrir, de lo bueno que vivimos, del tiempo que cree perdido, de sus angustias, de sus culpas, de sus arrepentimientos. De mi.

Por puro egoísmo deseo que ella avance y supere todo esto con pasos mas amplios que los mios. Pero yo doy grandes zancadas, por puro egoísmo. Deseo que ella encuentre a quien le haga feliz y le cure las heridas. Por puro egoísmo.

“Como desees” han sido sus últimas palabras antes de borrar todo contacto que me recuerde. Es lo mejor, estoy convencido, para no prolongar la amargura, para dejar al tiempo hacer su cura. “Como desees”. Eso es lo que deseo. Por puro egoísmo.

Día 9 de ausencia: alegato

Trouble

 

I never meant to cause you trouble,
And I never meant to do you wrong,
And I, well if I ever caused you trouble,
O no, I never meant to do you harm.

O no I see,
A spider web and it’s me in the middle,
So I twist and turn,
Here I am in love in a bubble,

Singing, I never meant to cause you trouble,
I never meant to do you wrong,
And I, well if I ever caused you trouble,
Although I never meant to do you harm.

They spun a web for me,
They spun a web for me,
They spun a web for me.

 

Días 6,7 y 8 de ausencia: inversión

180º. Todo ha girado, todo se ha puesto del revés.

Pero todo sigue igual.

ELLA ha sufrido, está sufriendo, un sufrimiento insoportable. Yo he estado ahí para quemarme las entrañas con su angustia, su pesar, su dolor, su abatimiento, su arrepentimiento.

Hubiese dado un año de mi vida por borrar cada hora que transcurrió desde el primer dia de ausencia. Pero todo sucedió. Y yo no puedo seguir. Con todo el pesar que me es posible concentrar, no puedo seguir. No puedo. 

P.d. Hace 3 dias que no entro y no os había visto. Gracias Txispas, gracias Barbaria, gracias Kitty. Gracias

Día 5 de ausencia (II): confusión

Me recupero del llanto. Contarles a mis padres su ausencia me ha aliviado. Ha sido el primer paso, el más importante, para dejarlo todo atrás. Ahora sé que su ausencia me abrirá puertas a otro futuro.

Be, mi vecina, me llama para preguntarme cómo llegar a los juzgados de Avi.  Quedamos para tomar un café, hace mucho tiempo que no charlamos. Me cuenta que ha terminado un curso de salvamento marítimo para poder embarcarse y que hasta entonces ha encontrado curro en Gi. Además tiene ojeado un piso monísimo y barato. Me alegro mucho por ella. Ha pasado muchas penas y le ha llegado su momento.

Regreso a mi piso y me dispongo a cenar. Lonchas de jamón, queso, pan integral y un Bio de muesli.

Estoy agotado, pero he recibido un sms de ELLA dándome ánimos para salir adelante, para seguir nuestros caminos. Le contesto agradeciédole el haberme dado ESO.

Me conecto para releer la entrada en su blog. Veo SU contacto en el messenger. Está conectada. Me escribe. Siente que hay esperanza en lo  nuestro. Me hundo. Sólo siento confusión.

Día 2 (II), 3 y 4 de ausencia: catarsis

Día 2 de ausencia (II)

Los motivos de la ausencia: nos amamos, pero somos incapaces de tolerarnos.  ELLA deseaba ser mi compañera para el resto de nuestro días. Yo no pude o no supe mentirle y no le prometí lo mismo, aunque tampoco lo contrario.  

Decido irme el fin de semana a casa de mis padres, mientras ellos están en la mía, convencidos de que me iré a pasar tres días con ELLA, a su apartamento. 

Me esperan dos horas de viaje en coche. Tras los primeros kilómetros, una honda sensación de abandono me invade y, tragándome mi orgullo, me detengo en la primera gasolinera. Le envío un mensaje, un vano intento de acercamiento. La llamo. No contesta. No sé lo que estoy haciendo, posiblemente el gilipollas, una vez más.

Me tomo un café. Diez minutos más tarde recibo un sms. “No más dolor, para qué vernos si no hay esperanza”. Hay esperanza. Quiero creer que hay alguna esperanza. La vuelvo a llamar. No contesta. Lo intento de nuevo. Me responde una voz seria e impersonal. “Estoy en una tienda y no puedo atenderte. Lo siento.” 

Decido que ya no más, que he hecho todo lo posible. Pero sé que no es así. Me desvío de mi trayecto y me dirijo hacia Gi, la ciudad donde ELLA vive.  

Imposible traducir en palabras lo ocurrido en las siguientes cinco horas. Imposible y absurdo: la carga emocional y la intensidad de esas horas no se borrarán de mi memoria hasta mi muerte.

 A la 1:00 de la madrugada salgo de su casa.  Decidimos no volver a intentarlo. Mejor  dicho, ELLA no quiere volver a intentarlo, a pesar de la insoportable pena que está pasando. Y yo no se lo reprocho. Ha sufrido haciendose a la idea de no volver a verme y no desea volver a pasar por tanto dolor. No hay ya ninguna esperanza. Es lo único que tengo claro. Me siento totalmente arrasado, saqueado. Destruido.

 Dia 3 de ausencia

 Apenas he conseguido dormir. No sé que voy a hacer. Tras desayunar llamo a Jota, mi mejor y casi único amigo. Tengo suerte, hoy vendrá a ver a sus padres y quedamos para tomar unas cervezas. También le mando un sms a Eme, otra reciente y buena amiga. 

Por fin puedo contarle a alguien todo EL PROBLEMA. Me abría encantado que Jota y ELLA se conociesen, con ambos tengo (tenía) una increíble conexión. 

Nos tomamos un número incontable de cervezas. Se nos une Ma, la novia de Jota .  Eme me responde al sms y me dice que me llamará esta tarde. Ahora mismo estoy medio ebrio, pero, gracias a ello, no estoy triste. Sé que hay personas con las que puedo contar.  En unas horas, cuando se pasen los efectos de alcohol y me llegue la resaca, me hundiré. Pero ahora estoy tranquilo. Y eso es lo que importa.

Eme quiere que nos veamos en O. Acaba de salir de una relación intensa y sabe por lo que estoy pasando. Tras una siesta, domino la resaca con un gramo de Efergalán. Camino de O. el llanto me supera. Tengo que detenerme en el arcén de la autovía para tranquilizarme.

Eme -vaqueros, chupa de cuero y zapatos de tacón- se convierte, casi sin darme cuenta, en mi mejor amiga. Mientras nos tomamos una sidra, hablamos. Sabe escuchar y siempre dice lo que piensa. Me reprocha mis errores y por primera vez me doy realmente cuenta del daño que le hice a ELLA sin ni siquiera ser consciente.

Cenamos y nos vamos a tomar copas. A las seis de la madrugada, tras incalculables Gin-tonic, innumerables confesiones e incontables ánimos, nos despedimos. Me voy a dormir en el sofá del apartamento de mi hermano. 

La vida se me encoge pensando que ELLA ya no está, que no la volveré a abrazar, que todo es pasado.

Día 4 de ausencia:

 Tres horas después de acostarme, me visto y me despido de mi hermano, recién se levanta de la cama. Le doy la noticia: ELLA y yo, ya no estamos juntos. Ni siquiera un “¿y como estás?”. Es mi hermano y no me sorprendo.

Me tomo un café, hago que leo el periódico y fumo el primer Ducados del día. Vuelvo a casa de mis padres. Una ducha, una desesperación y una breve siesta después, intecambio mensajes de móvil con ELLA. Me da ánimos y apoyo para superar todo esto. Agradezco que esté ahí, pero se me abren las entrañas de pura pena.

Me llama Eme, ofreciéndose para acompañarme al cine.  No quiero interferir en sus planes, pero estoy hecho polvo y sé que esta tarde lluviosa de domingo se me hará eterna.

Vuelvo a O., recojo a Eme y nos tomamos un café mientras hablamos de nuestras vidas, de nuestras experiencias, de nuestras penas. Vamos al cine. La película no consigue seducirnos.  Cenamos un bocata y tras llevarla a su casa, regreso a la de mis padres. Eme es una compañía excelente. Sabe estar cuando tiene que estar.

Esta noche dormiré. Añoraré los brazos de ELLA, sentir cerca su respiración, tocar sus pies frios bajo las sábanas, acomodarme a su lado y abrazarla. Pero sé que dormiré.


El motivo

Su ausencia ha enterrado un blog. Y ha hecho nacer otro. ¿El motivo? muy simple: volver a empezar. Aunque ya nada será lo mismo.

Ausencias del pasado