Estoy rehaciendo mi vida. O al menos lo intento. Debería de estar feliz, sentir el entusiasmo que produce la posibilidad de emprender un nuevo camino. Y sin embargo….
Y sin embargo, no puedo evitar la injusta sensación de estar haciendo algo deplorable, reprochable, censurable. No puedo evitar la ¿inmerecida? sensación de ser un cabrón.
Y todo porque ELLA continúa sufriendo. Sus mensajes en mi teléfono cada sábado me recuerdan su angustia. “Sin ti, nada tiene sentido”. Frases que se me clavan como alfileres. Mensajes que remueven mi conciencia, que consiguen su efecto y me hacen daño .
Sé que es injusto. Sé que sus palabras buscan provocar en mi una reacción que no se producirá. Sé que sus actos tienen un cierto tinte de chantaje emocional, quizás accidental. Sé que no puedo hacer otra cosa. Sé que mi vida es mia y sólo yo debo decidir sobre ella. Sé todo eso. Y aún así me siento egoísta. Egoísta por pensar en mi.
Y estoy harto.